¿Qué es más importante, la habilidad, la suerte o el momento oportuno? El mensaje que quiero entregar es este; la oportunidad y el momento están inexorablemente vinculados. Tanto es así, que si no crees que el tiempo lo es todo, piénsalo de nuevo.

Incluso una revisión superficial de los eventos actuales muestra que realmente no importa si es un político, un banquero de inversión, un director ejecutivo o simplemente un ciudadano promedio: cuando se trata de tomar una decisión simple, administrar una crisis, o intentar aprovechar una oportunidad, el tiempo lo es todo. En la publicación de hoy, echaré un vistazo a la oportunidad como una clave éxito métrico…

A menudo he oído a la gente bromear diciendo que preferirían tener suerte que ser inteligentes. Si bien la inteligencia y la buena fortuna son ciertamente rasgos valiosos para poseer, ninguno de estos rasgos es comparable a tener un gran sentido del tiempo. La suerte es una proposición de acertar o fallar, y todos hemos conocido a muchos brillantes de bajo rendimiento. Sin embargo, he observado que rara vez se encontrará con alguien que posea un gran sentido de la oportunidad y que no sea exitoso.

Como dice el verso de la vieja canción de Kenny Rogers “tienes que saber cuándo sostenerlos y saber cuándo doblarlos.” Hay algunos momentos en la vida de cada profesional en los que se presentarán oportunidades asombrosas. La pregunta no es si estas oportunidades existen, sino qué harás con ellas cuando se crucen en tu camino. Creo que una de las diferencias clave entre la excelencia y la mediocridad es la capacidad no solo de reconocer las oportunidades, sino también de comprender y estar dispuesto a explotar dichas oportunidades. Explotar las oportunidades requiere que no solo tengas visión, sino también un sesgo correspondiente para la acción (y también un poco de coraje).

Rara vez se encontrará con una oportunidad estática en el sentido de que permanecerá inactiva y esperará a que actúe. Las oportunidades significativas no solo son escasas, sino que generalmente operan según el principio de rendimientos decrecientes. En pocas palabras, las oportunidades son sensibles al tiempo. Cuanto más espere para aprovechar la oportunidad, menor será el rendimiento. De hecho, el caso más probable es que la oportunidad se evapore por completo si espera demasiado para aprovecharla. Mantenga este pensamiento en mente; cuando la oportunidad llama, abre la puerta.

Ni siquiera puedo comenzar a contar la cantidad de veces que vi a personas perder grandes oportunidades debido a un mal sentido del tiempo. No es de extrañar que las personas que tienen un mal sentido del tiempo ni siquiera entiendan que el tiempo es un problema. ¿Cuántas veces ha visto a alguien pasar por alto una gran contratación porque estaba esperando un mejor talento? Otros ejemplos de oportunidades perdidas son aquellos que esperan una valuación más alta, mercados en evolución, avances tecnológicos o cualquier otra circunstancia que nunca sucede o, cuando sucede, la ventaja oportunista ha desaparecido. He observado que los reacios al riesgo toman la debida diligencia un paso demasiado lejos, los codiciosos negocian demasiado, los impulsivos se apresuran y los laboriosos se mueven demasiado lento. Como dice el dicho "tiempo lo es todo.La siguiente lista contiene 5 sugerencias sobre cómo detectar y evaluar oportunidades:

  1. Alineación: La oportunidad debe estar alineada con la visión y misión general de la empresa. Cualquier nueva oportunidad que se evalúe preferiblemente debe agregar valor al núcleo, pero si no, debe mostrar un retorno de la inversión lo suficientemente significativo como para justificar el efecto dilutivo de no mantener lo principal como lo principal. El núcleo debe usarse para alinear, pero no necesariamente para excluir.
  2. Ventaja: Ninguna ventaja es igual a ninguna oportunidad. Si la oportunidad no brinda una ventaja competitiva única, al menos debería llenar un vacío acercándolo a un campo de juego parejo. Sin embargo, tenga cuidado de no caer en la trampa de la innovación "yo también": copiar no es innovar. En lugar de nivelar el campo, piense en inclinar el campo a su favor y, cuando sea posible, en la creación de un nuevo campo por completo.
  3. Evaluación: ¿Es la oportunidad asequible, factible, adaptable y, lo que es más importante, viable? Una oportunidad que no se puede implementar no es realmente una oportunidad; probablemente será solo otra distracción muy costosa. Lleve a cabo su diligencia antes de apretar el gatillo, no después. UN listo – fuego – apuntar enfoque de la gestión de oportunidades por lo general no da en el blanco.
  4. Responsabilidad: Tenga en cuenta que las grandes ideas no siempre son lo mismo que las grandes oportunidades. Las ideas no siempre tienen una visión correspondiente, ni siempre contienen un marco de rendición de cuentas que ayude a garantizar la certeza de la ejecución. Para que las oportunidades se conviertan en realidad, deben verse a través de los lentes de la conciencia organizacional y la responsabilidad personal. Cualquier nueva oportunidad que se considere debe contener disposiciones de rendición de cuentas. Cada tarea debe asignarse y administrarse de acuerdo con un plan y a la luz del día. Cualquier oportunidad que se adopte debe ser medible. Los entregables, los puntos de referencia, los plazos y las métricas de éxito deben incorporarse al plan. La oportunidad debe ser detallada y entregable en un cronograma: debe tener un comienzo, un medio y un final. Cualquier oportunidad que no esté sujeta a sólidos principios de liderazgo probablemente fracasará.
  5. Logro: Las oportunidades son grandes, pero los logros son mejores. Si falta alguno de los cuatro elementos anteriores, el resultado será una oportunidad no realizada, o una oportunidad desperdiciada y perdida. El juego inteligente no se juega por lo que podría haber sido, o debería haber sido, sino por lo que se logró.

La ventana proverbial se cierra en cada oportunidad en algún momento. A medida que se acerque a cada día, lo desafiaría a evaluar constantemente el paisaje y aprovechar las oportunidades que se le presenten. Mejor ser el que pesca el pez que el que cuenta la historia del grande que se escapó.

¿Pensamientos?